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Jerry Costello
Agosto 2009
Dicen que, detrás de cada buen hombre, hay una mujer, y en el caso del nuevo Arzobispo de Nueva York, la mujer es una monja irlandesa de 84 años. El Arzobispo Timothy Dolan ha dicho que todo lo que le ha pasado a él, lo acredita a la educación que recibió como muchacho en la escuela primaria del Santo Niño en las afueras de San Luis, y en el centro de todo está Sor Mary Bosco Daly, R. S. M., su maestra de segundo grado.
“Ella es una mujer amorosa, benévola y maestra excelente”, ha dicho el Arzobispo Dolan. La he admirado grandemente”.
Sor Mary Bosco ha estado presente en todos los grandes momentos de la vida llena de eventos del Arzobispo Dolan: en su confirmación, en su primera Misa, en su encuentro con el Papa en Roma, en su investidura como Arzobispo de Milwaukee y en el más reciente de su vida: su investidura como Arzobispo de Nueva York, en la catedral de San Patricio el 15 de abril. (Muchos esperan que se le nombre Cardenal en un futuro próximo, y que cuando el consistorio se reúna en Roma, es probable que ella también esté presente).
Esta relación estudiante-profesora tan afectuosa, fue explorado en un artículo publicado por Christina Doyle en el periódico de Nueva York Daily News, en los primeros días del mes de Abril, donde se nota claramente que existe una admiración mutua. “Me siento muy orgullosa de él” ha dicho ella desde su convento donde está retirada en el condado de Louth en Irlanda. Y, agregó: “Los neoyorquinos verán en él, a un arzobispo “muy caluroso, amistoso, y extrovertido”.
El profundo afecto que el Arzobispo Dolan tiene por su maestra de la niñez no es único, muchos de nosotros compartimos la misma clase de recuerdos. En mi propio caso, la escuela pública a la que asistí, tenía un grupo de maestros capaces y afectuosos que impactaron profundamente mi vida, aún en aquellos tiempos de las décadas de los 30 y los 40, cuando sus salarios eran verdaderamente pobres. Y, sí, también teníamos a una monja. En las clases de religión que asistía cada domingo por la mañana, seguidamente de la misa de las 8:30, en la iglesia de San Antonio en Hawthorne, Nueva Jersey, Sor Bernardine, O. P. nos enseñó el abecedario de la fé de tal manera que nunca se nos ha olvidado.
El padre James Keller, fundador de The Christophers, en 1945, reconoció enseguida la gran importancia del papel del maestro. La educación es uno de los cuatro campos (los otros eran el gobierno, las comunicaciones, y las relaciones laborales empleados-gerentes), exhortando a los que iban a ser Christophers, de proseguir para poder influir a otros. Escribió: “Ser un maestro es tener una gran misión en la vida”, “Nunca nos olvidemos que lo que hay en la mente y en el corazón del maestro, es traspasado a la mente del joven”.
Esto es lo que exactamente ha tomado lugar entre Sor Mary Bosco y el Arzobispo Dolan. Él dice: “Las oraciones que ella me enseñó en el segundo grado son las que digo cada mañana”. Por encima de eso, él le ha acreditado a ella “una total visión abrazadora”, una visión que “parece ser el mejor reflejo posible de lo que es la Iglesia”.
Esto nos lleva de nuevo al padre Keller quien conocía que la manera de cambiar al mundo comenzaba en la clase. Escribió en 1948: “El vacío espiritual en América hoy, es el fruto de una póliza educativa que por años ha ignorado a Dios”. “Si es que va a haber un concepto más claro de la moralidad, tenemos que confiar…que la educación va a desarrollar el concepto de que este universo esta fundado en una ley, ¡la ley de Dios!
Muchos años atrás Sor Mary Bosco le pasó ese pensamiento al joven Tim Dolan y todo parece que ha tenido un efecto duradero.