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Stephanie Raha
Editora Ejecutiva
Agosto 2009
Si usted ha perdido su empleo en la presente recesión, comprenderá que el haber sido despedido es una terrible carga para los hombres y mujeres, para las familias y las comunidades. En este momento, hay más de 5 millones de desempleados que luchan por sobrevivir y que compiten con otros en las mismas circunstancias, al aparecerse en las ferias y entrevistas de trabajo con la esperanza de tener una oportunidad de trabajar.
Uno de ellos es Pattie Pellegrino, que vive en la parte norte del estado de Nueva York. De acuerdo con un artículo publicado en Rochester en el Democrat and Chronicle, ella, una analista financiera que trabaja desde la casa, recibió una llamada el otoño pasado de su nuevo jefe, que apenas la saludó antes que la despidiera, demandando que devolviera la computadora de la compañía dentro de las próximas 24 horas. Dijo Pellegrino: “El impacto de lo que me pasó fue terrible. Lloré toda la noche”. Ella había trabajado para la compañía por más de diez años.
Desde entonces, ella ha venido haciendo lo que pudiera ser la versión del siglo XXI, de aplanar las calles, mientras que todavía se preocupa de cómo ella pagará su hipoteca y las otras cuentas cuando se le acabe lo que le corresponde por salarios de separación y desempleo. “Estoy en mis cincuenta. No es una edad donde se comienza de nuevo otra carrera, al menos no es fácil. Y como ella ya no tiene seguro de salud, Pellegrino que es diabética, teme una emergencia: “temo caerme o cualquier otra cosa, ya que no puedo afrontarlo”.
No es de asombrarse que Pattie Pelegrino como muchos otros desempleados experimentan los síntomas clásicos de pesar: agitación, negación, ira, y finalmente aceptación. Los profesionales de salud mental creen que es necesario lidiar con esas emociones, al mismo tiempo que se trata de buscar soluciones para los asuntos financieros. No es el momento de embotellar los sentimientos o de usar algo que inapropiadamente alivie la situación como el alcohol. La comunicación con la familia y con los amigos que puedan proveer ayuda emocionalmente saludable es vital, recordando siempre que hay una diferencia entre ventilar los problemas y abrumar con tus problemas a los demas.
El doctor Eric Caine, jefe de psiquiatría del centro médico de la Universidad de Rochester, dice que aunque las condiciones económicas turbulentas, sean nacionales o internacionales hayan causado esta recesión, “no importa lo que cada cual diga, uno se lo toma personal”. Es por eso que mucha gente que es despedida dirigen sus frustraciones hacia aquellos individuos que ellos creen han sido los responsables”. Agrega Caine: “Cuando se está en una situación terrible, es mucho más fácil enfocarse en transgresiones específicas que argumentar con Dios”.
Algunas emociones, aún aquellas que usualmente se ven como negativas, pueden actualmente convertirse en positivas durante los tiempos difíciles. Por ejemplo la ira, cuando se controla, puede llevarnos a tomar riesgos apropiados que pueden cambiar las cosas, mejorándolas. La tristeza puede animar a algunos a reemplazar el sentido de la pérdida con algo más positivo. El miedo, sin embargo, lleva al pesimismo y a la depresión, que en casos extremos requiere la ayuda de profesionales de salud mental. Lo que necesitamos es esperanza. Como Pearl Buck decía: “Comer pan sin esperanza es lo mismo que despacio, morir de hambre.
Es por lo que Pattie Pellegrino hace un esfuerzo por hacer algo positivo cada día. Ella participa en grupos de búsquedas, permanece al tanto de los amigos que le tratan de ayudar y pasa el tiempo tejiendo porque ella dice: “me quita de la mente muchas cosas”. Ella también hace el punto de ir a la iglesia y rezar. Y eso es una cosa buena.
Tristemente, algunas personas que tienen problemas ignoran a Dios, pensando que Dios solamente cubre asuntos espirituales. Otros oran para que se cumpla lo que ellos quieren, en lugar de confiarse en la compasión del Padre. Pero somos sus hijos amados. Él nos quiere, no por lo que hacemos, sino por lo que somos.