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Stephanie Raha
Editora Ejecutiva
Octubre 2009
Se le llama The Ledge (la Saliente), y mientras los arquitectos y los contratistas aseguran que no es peligrosa, algunos visitantes no se sienten tan seguros cuando se paran sobre ella. The Ledge es realmente una serie de cubos de vidrio cerrados que se extienden cuatro pies por afuera de la superficie del piso 103 de la Torre Sears en Chicago, directamente sobre la calle Wacker, 1354 pies más abajo.
La idea de pararse sobre un piso de cristal, aunque sea antibalas y reforzado, proporciona una sensación de peligro a la otrora actividad típica del turista de admirar el paisaje. "Es la sensación de peligro, el pararse en este vacío," según dice Ross Wimer, socio diseñador de la compañía arquitectónica que construyó las cajas de vidrio para The Ledge. Al mirar a la gente que tenia miedo de pararse allí fue que me dí cuenta de ello."
De hecho, los empleados encargados del área de observación de la Torre Sears hacen grandes esfuerzos para garantizar a los visitantes que las tres capas de vidrio templado son inastillables y pueden sostener hasta 10,000 libras. Pero aún así, hay muchas personas en línea esperando pasar por esta nueva experiencia, mientras que otras tantas lo hacen solo a regañadientes, animadas por sus acompañantes, por lo general. Una turista de Carolina del Norte comenzó a animarse, pero luego retrocedió. Ella dijo, "No me siento con mucha confianza. Es una sensación demasiado vívida."
Pero esa sensación fue exactamente lo que le atrajo a su hija de 12 años que exclamaba emocionada, “Da bastante miedo. Se siente como si uno estuviera flotando.” Ella finalmente convenció a su madre de que se colocara en la saliente para poder tomarle una foto, aunque la madre lo tuvo que hacer caminando de espaldas y sin mirar hacia abajo.
De cualquier modo, aquella mujer hizo algo que no le era fácil ni cómodo.
A setecientas millas de distancia, la corona de la Estatua de la Libertad en el Puerto de Nueva York volvió a abrirse al público el día cuatro de julio. El acceso a la corona del monumento de 123 años había sido prohibido después de los ataques terroristas del 11 de setiembre de 2001. La gente puede subir una vez más los 354 escalones a lo más alto para dar un vistazo al puerto y a la ciudad. Las rígidas medidas de seguridad incluyen pasar por dos puestos de control de seguridad. Además, los visitantes que deseen subir tienen que hacer reservaciones y se les advierte que esta actividad no se recomienda para aquellos no muy valientes.
Ya que no hay aire acondicionado en esa área, la temperatura puede llegar a ser 20 grados más caliente que la del exterior. El Servicio del Parque Nacional recomienda que las personas con problemas respiratorios, del corazón, de movilidad, de vértigo, con temor a los espacios cerrados o a la altura, se abstengan.
Sin embargo, la gente acude en masa a hacer fila. Quizás el hecho de obligarse a uno mismo a subir o a pararse en la saliente, o el hacer algo de enormes proporciones es parte del atractivo. A pesar de que hay una diferencia enorme entre jugar al turista y explorar mundos desconocidos, existe un deseo humano subyacente de tener nuevas experiencias, aunque cause miedo, incomodidad o una sensación de peligro.