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Stephanie Raha
Editora Ejecutiva
Noviembre de 2009
“Jesús es la razón de la temporada.” La gente a menudo invoca aquel refrán, como un recordatorio que mientras capas de cultura secular y tradición han sido añadidas durante los siglos, el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios y el Niño de María, es la verdadera y única razón de la Navidad.
Así que el mes antes de estas fiestas tan queridas no es simplemente el momento para escribir listas de regalos y menús para las celebraciones. No son sólo días abarrotados de fiestas y decoraciones. No se trata sólo de agotarse en un esfuerzo para tener la Navidad perfecta. Las cuatro semanas del Advenimiento son realmente la pausa, el respiro profundo antes de adentrarse en nuestra celebración de la venida de Jesús, nuestro Mesías y Salvador.
El Advenimiento (que se deriva de adventus, o viniendo en latín) se considera una contraparte a la Cuaresma, la temporada de penitencia y reflexión en preparación para la Pascua. Mientras esto es en cierta forma verdad, el Advenimiento tiene su propio enfoque especial para los cristianos: porque Dios se hizo hombre para sacarnos de la oscuridad y llevarnos a su luz eterna, una esperanza gozosa que es uno de los elementos esenciales de la temporada.
El Padre James Keller, M.M., fundador de los Cristóforos, era un gran creyente en el poder de la esperanza y en la importancia de transformar la necesidad humana, por la virtud divina de la esperanza, en una acción fiel y llena de amor. Además, él veía como la misión única de todo hombre y mujer el compartir nuestra esperanza, dada por Dios en la persona de Jesucristo, con nuestros hermanos y hermanas de todas partes. En su autobiografía, Para Encender una Vela, el Padre Keller contó una historia referida a él por uno de sus compañeros misioneros Maryknoll allá por los años 1920, que resumía la necesidad urgente de propagar la Palabra:
“Él me dijo que un día terriblemente frío en Manchuria encontró a una mujer nativa anciana vestida en harapos y débil por falta de alimento. Cuando él la condujo a un refugio y le proporcionó comida caliente, ella estaba agradecida, pero perpleja.
¿“‘Porqué se molesta usted conmigo cuándo nadie más se preocupa?” ella preguntó.
“El sacerdote le explico un poco sobre el gran mandato de Cristo de ir al mundo entero y ayudar a la gente, sobre todo a los que sufren.”
“Este Cristo,” la mujer perpleja contestó, “no puede estar muerto desde hace tiempo. “
“El misionero explicó que Él vivió hace más de mil novecientos años.
¡“Hace mil novecientos años!” ella dijo. ¿”Fue entonces cuando Él mandó a sus seguidores a propagar esta maravillosa idea?”
“¿Entonces dónde,” la mujer preguntó muy despacio, “han estado sus seguidores durante todo este tiempo? ¿Por qué no han hecho lo qué Él les dijo que hicieran?”
El Advenimiento es una buena temporada para preguntarnos si estamos haciendo todo que Él nos pidió; de preguntarnos cómo es que podemos compartir la compasión generosa de nuestro Señor con aquellos que ansían conocer su verdad, su misericordia y su esperanza. El Advenimiento es también un buen momento para considerar las palabras de San Clemente de Alejandría: “Si usted no tiene esperanza, no encontrará lo que está más allá de sus esperanzas.”