The Christophers - It’s better to light one candle than to curse the darkness5 Hanover Square, 22nd Floor, New York, NY 10004Phone: (212) 759-4050 - Fax: (212) 838-5073 - Toll-Free Orders: (888) 298-4050 - E-mail: mail@christophers.orgPrivacy Policy - E-mail PreferencesCopyright © The Christophers 2006-2013. All rights reserved
Stephanie Raha
Editora Ejecutiva
Marzo de 2010
Aunque sabemos que el calendario nos mueve inexorablemente hacia la primavera y la Pascua, por el momento, el invierno todavía arroja su luz parda sobre nosotros y la Cuaresma nos envuelve en sus sombras. Antes de que podamos celebrar, tanto el cambio de temporada como la gloria de la Resurrección, aún nos falta un buen trecho por recorrer.
Pero no estamos solos en el trayecto. Si deseamos compañía, podemos acudir a San José, cuya fiesta celebramos el 19 de marzo. A pesar de su santoral, tendemos a asociar a San José mucho más con la Navidad que con la Cuaresma o la Pascua. Después de todo, asumimos por tradición que San José murió antes de que Jesús comenzara su vida pública, y por supuesto antes de su pasión.
San José aparece, sin decir palabra, en los evangelios de Mateo y de Lucas. Aprendemos que a pesar de que desciende del Rey David, es un humilde trabajador, un carpintero. Prometido en matrimonio a María de Nazaret, José se da cuenta (nos podemos imaginar su sobresalto) de que ella espera un hijo. Sabiendo que el bebé no es suyo, José planea divorciarse discretamente para evitar causar el menor daño posible a María dadas las circunstancias. Es entonces cuando un ángel se le aparece en sueños para asegurarle que “la criatura que espera es obra del Espíritu Santo. Y dará a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” (Mateo 1:20-21)
Con estas precisas palabras, queda claro que José está siempre unido y para siempre con la salvación que Jesús, el hijo de Dios y el hijo de María, trae al mundo con su muerte y resurrección. Hemos llegado a identificar ciertas virtudes con San José. Es obvio por lo poco que las escrituras nos dicen sobre él que es un hombre justo, casto y obediente. Además, José era fiel a su religión judía, un marido comprometido y un padre dedicado. Claramente leemos que asumió sus deberes como cabeza de la Sagrada Familia con seriedad, protegiendo a su esposa y al hijo de su corazón, tanto como le fue humanamente posible.
Quizás ahora sería un buen momento, durante nuestra jornada cuaresmal, de darnos cuenta que José también es una fuente profunda de inspiración y un ejemplo digno de santidad y de compasión.
Santa Teresa de Ávila, religiosa y mística del siglo XVI, y doctora de la Iglesia, fue solo una de los muchos santos que expresaron su gran admiración y devoción a San José. Cuando ella comenzó la reforma de su orden de las Carmelitas a fin de retornar a sus anteriores raíces más ascéticas, Santa Teresa nombró su primer convento nuevo San José de Ávila, con el deseo de que sus hermanas vivieran como una pequeña Sagrada Familia. Además, esta figura elevadísima de la historia del cristianismo, famosa por sus escrituras espirituales y la profundidad de su vida interior, dijo lo siguiente sobre San José: “si alguien no puede encontrar un maestro para enseñarle como rezar, tome a este santo glorioso como su maestro y no se descarriará.”
Dos siglos más tarde, otro doctor de la Iglesia, San Alfonso de Liguori, fundador de la congregación Redentorista y aclamado teólogo moral, también encontró sabiduría en el incondicional y silencioso San José.
“Entre la gente, el efecto de vivir en comunidad es, por lo general, que terminamos sintiendo sólo un amor muy mediocre el uno por el otro porque, al paso de la relación, nos hacemos cada vez más conscientes de los defectos del otro,” escribió San Alfonso. “San José, por el contrario, al continuar viviendo con Jesús, constantemente crecía en la admiración que sentía por su santidad. Podemos entender, por lo tanto, el amor tan ardiente que logró tener por Jesús, habiendo vivido en esta intimidad, lo cual desafía cualquier descripción.”
Al acercarnos cada vez más a la Semana Santa y a la celebración culminante de la Pascua, meditemos en José y María y el hijo que criaron, y sobre la fe, esperanza y amor que ellos compartieron. Estemos conscientes de que este amor puede ser nuestro para toda la eternidad si tan solo decidimos unirnos a la familia.