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Jerry Costello
Marzo de 2010
Supongamos que usted fuera salvado milagrosamente de lo que pareciera una muerte segura, y hubiera tenido un año para pensar en ello. ¿Cómo sería diferente su vida a partir de ese momento?
Para los pasajeros y tripulación a bordo del vuelo 1549 de la aerolínea US Airways, esta no es suposición alguna. La habilidad de un piloto, los rescatadores heroicos y la mano de Dios se combinaron para librarlos de la muerte en enero de 2009, cuando su avión hizo un aterrizaje forzoso en el Río Hudson, en las cercanías del centro de la ciudad de Manhattan.
No sólo vivieron ellos para contarlo, sino también tuvieron este enero pasado un alegre reencuentro, en la fecha y lugar exacto donde pasaron por lo que por poco fue una tragedia el año anterior. Y cada uno de ellos estuvo de acuerdo en que su vida jamás será la misma.
“Pensé que íbamos a morir,” dijo un pasajero. “Siento que volví a nacer.” Otro pasajero expresó una opinión ligeramente diferente: “No me preocupo más,” dijo él. “Había muchas cosas sobre las cuales me culpaba continuamente, cosas que no podía sacar de mi mente. Después de lo que pasó, fui capaz de perdonarme y salir adelante.” Un tercer pasajero meditó la pregunta y salió con una respuesta con la cual muchos se pueden identificar. “Ahora abrazo a mis niños y a mi esposa con más intensidad,” dijo. “Y nunca dejo pasar la oportunidad de decirles a mis seres queridos cuánto los amo.”
La historia del “Milagro en el Hudson” ha sido contada y vuelta a contar. Poco después de despegar el avión el 15 de enero de 2009, ambos motores se apagaron después de chocar contra unas aves, y el Capitán Chelsey "Sully" Sullenberger no tuvo otra opción mas que realizar un aterrizaje de emergencia. Sully dirigió la nave sobre el agua, llevando a cabo un aterrizaje perfecto y todas las 155 personas a bordo del vuelo de La Guardia a Charlotte se salvaron.
El reencuentro del año siguiente fue una gran noticia en los medios de comunicación de Nueva York, quienes dieron al acontecimiento una cobertura de primera calidad. Una de las barcas del Canal de Nueva York, que había desempeñado un papel prominente en los esfuerzos de rescate realizados, llevó a los participantes de la reunión al punto preciso donde el avión había caído y, cuando llegaron, levantaron todos sus copas para hacer un sincero brindis por su extraordinaria suerte.
Muchos de los brindis fueron dirigidos a Sully, quien fuera un héroe en esos momentos y hasta la fecha. “Este es el mejor año de mi vida gracias a usted,” Adir Freilich le dijo al capitán. Christopher Rooney, de 24 años, estaba en el vuelo con Karin, su futura esposa. “Después de que el avión se vino abajo, uno comenzó a pensar en el futuro y a valorarlo” le dijo a Kevin Fasick y Bill Sanderson del periódico New York Post. Christopher y Karin, ambos originarios de Carolina del Norte, se casaron el día último del año. “Este acontecimiento fue una consecuencia de aquel día.”
Otra pareja de Carolina del Norte, Ben Bostic y Laura Zych, tienen una historia aún más increíble que contar. Ellos estaban ambos a bordo del vuelo ese día, pero no se conocían. Se llegaron a conocer a consecuencia del accidente y el rescate. "No damos nada por hecho ahora," Zych dijo al New York Post. "Estoy más abierto a las oportunidades que se presentan," añadió Bostic. "Aprecio todo."
Bostic está en efecto abierto a las oportunidades. Él y la señorita Zych han estado saliendo durante seis meses y el matrimonio no parece estar muy distante. Es posible aún, Bostic reflexionó, que pudiera pedirle al Capitán Sullenberger que fuera su padrino de boda. Eso, por supuesto, sería muy poco probable. Pero, pensándolo bien, sería tan poco probable como lo era el Milagro en el Hudson.