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Jerry Costello
Junio de 2010
Usted no tiene que haber estudiado en la Universidad de Notre Dame o de Pittsburgh para recordar el nombre de Rocky Bleier, quien siempre tuvo un marcado aprecio por el valor del trabajo en equipo. Bleier jugó fútbol en Notre Dame durante los años sesenta y luego reclutado por el equipo de fútbol de los Acereros de Pittsburg para jugar en la Liga de Fútbol Nacional. Bleier estaba ya en camino a un fabuloso año como novato en 1968 cuando le llegó otro reclutamiento inesperado: el ejército lo necesitaba, y lo necesitaba inmediatamente.
Era comprensible. La guerra de Vietnam estaba en pleno desarrollo y se necesitaban tropas para mantener la lucha. El entrenamiento era pesado, pero Bleier se encontraba listo. Él había tenido 16 años de educación católica, donde aprendió que las cosas funcionan mejor cuando uno trabaja en equipo. Bleier descubrió que la transición de “Sí, Hermana” a “Sí, Sargento” ocurría absolutamente sin esfuerzo.
Rocky Bleier contó su historia en la edición de enero de la revista American Legion, y vaya historia que contó. Cuando lo hirieron en Vietnam por primera vez, se acordó haber oído acerca de las oraciones que hacían los soldados en las trincheras. El recuerda haber pensado "Si tú me sacas de aquí, te entrego mi vida para que hagas con ella lo que quieras. Compartiré los buenos momentos y no me quejaré de los malos." “Dadas las circunstancias”, dijo, “fue lo mejor que pude hacer en cuanto a orar.”
Poco tiempo después, fue herido más seriamente. Su evacuación en una camilla tomó seis horas de viaje dificultoso por los senderos de la selva, lo que agotó a su primer equipo de ayudantes. En un momento dado, lo abandonaron al lado del sendero, asegurándole que otros llegarían pronto para ayudarle. Pasó mucho tiempo sin que nadie apareciera, hasta que por fin apareció alguien para darle una mano. En aquel tiempo de protestas y marchas por la libertad, era una mano negra, la cual no pudo haber sido más bienvenida por Bleier.
“Un héroe es una persona que hace lo que tiene que hacer, cuando tiene que hacerse, sin pensar en las consecuencias,” escribió Bleier. “Mi compañero soldado, para mí, fue un héroe.”
El incidente también llevó a Bleier a reflexionar sobre su buena suerte y a preguntarse si había hecho lo suficiente para agradecerla. En ese momento decidió hacer más, y es lo que ha estado haciendo durante los nueve meses de su recuperación, los 11 años más que estuvo con los Acereros de Pittsburg y posteriormente en su carrera en el área de negocios. En eso tuvieron lugar los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 y el accidente del Vuelo 93 de la aerolínea United en un campo de Pensilvania, lo cual dio a Rocky Bleier la oportunidad de hacer una cosa más.
“La tragedia del Vuelo 93 sucedió prácticamente en mi patio trasero,” escribió él. “Cuarenta extraños se unieron, y como cualquier equipo de futbol en el Super Tazón o en una unidad de combate, idearon y ejecutaron un plan, salvando a un incalculable número de vidas. Todo lo que he pasado en mi vida hasta este momento me ha llevado a poder identificarme con aquel grupo. Como una mano salvadora desde la oscuridad, habría algo que yo pudiera hacer: yo podría ayudar a recaudar dinero para construir un monumento conmemorativo para el grupo del Vuelo 93.”
Y así es como se ha venido desarrollando el tributo "Nunca Olvidaremos" a los héroes de aquel día. Un monumento conmemorativo temporal está ahora puesto en su lugar. Para información sobre el proyecto permanente visite el sitio Web de National Park Service en nps.gov/flni.
Al honrar la memoria de héroes que trabajan en equipo, Rocky Bleier hace una diferencia y nos invita a todos a participar.