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Jerry Costello
Septiembre de 2010
Un adagio muy antiguo dice que no existe eso de que haya un almuerzo gratis, Sin embargo, algo muy cercano a esto, lo podemos encontrar en Clayton en el estado de Missouri en un restaurante llamado Panera Bread.
Es allí donde los clientes deciden cual es el valor del alimento que van a ingerir. Para asegurarse, Panera publica un boletín que dice: “Niveles sugeridos de pagos”, pero al final, es la discreción de los comensales lo que determina cuanto deben pagar. Y, si pasara que fuera nada, pues entonces, nada, que así sea.
¿Suena esto un poco alocado? Me imagino. ¿Habrá gente que tome ventaja de esto? Sin lugar a dudas. Pero la apuesta de Panera, está con los clientes. Dice Ron Shaich que es el presidente y cofundador de la cadena de dulcería y cafetería rápida: “Es una prueba a la naturaleza humana”. Todavía es muy pronto para determinar si el experimento funciona o no, pero la experiencia de otros ha demostrado que si se hacen las cosas correctamente, tiene una buena probabilidad de que esto funcione.
He leído acerca de “usted paga lo que desee” en un artículo que salió publicado recientemente en The New York Times, en una historia escrita por Stephanie Strom y Malcom Gay. El café Clayton es uno de varios a través del país que está tratando de llevar a cabo este tipo de plan. La historia publicada dice, que sus dueños piensan en que van a tener utilidad y que hacer el bien, no es mutualmente exclusivo, por eso están dispuestos a correr el riesgo para poder determinar si están correctos. Esperan que al menos puedan cubrir los gastos, y si hubiera utilidad, la emplearían en darle de comer a los pobres o crear nuevos trabajos. Hacia ese fin, aquellos que no pueden afrontar pagar por lo que comen, se les pide que sirvan de voluntarios, y de hecho, muchos ya lo han hecho, limpiando ventanas, abriendo cajas, almacenando lo que venga, y otras labores relacionadas con el restaurante.
Pienso que el padre James Keller, Maryknoll, que fundó The Christophers, 65 años atrás, se hubiera sentido muy complacido con esta idea. Después de todo, abraza un principio central de los Christophers: si hay un problema, no proteste, déle solución. En este caso el problema es el hambre y la pobreza, y quizás, la gente que auspicia a Panera, piensen que al menos esta sea una solución parcial.
Por supuesto que es un riesgo. Algunos clientes no pueden imaginarse el por qué los propietarios lo están haciendo. La manera de proceder de Panera se ha intentado varias veces en otros lugares del país y algunas veces no ha funcionado porque hay demasiados que toman ventaja de los dueños. Pero no todo es negativo. En Salt Lake City hay un restaurante llamado “Un mundo: todos comemos”, que se ha mantenido a flote desde 2003, y su cofundador Denise Cerreta ha ayudado al experimento de Panera a que pueda tener éxito en Missouri. “Un mundo: todos comemos” es operado por una organización no lucrativa, sirve sobre 60 comidas al día, 15 ó 20 de ellos no pagan nada, pero sirven de voluntarios. El chef principal, Giovanni Bouderbala explica: “ello se van de aquí con el estómago lleno, sintiéndose que se lo han ganado, lo cual es lo que pensamos”.
La historia no indica si Panera va a extender este tipo de idea a todos los demás lugares si el experimento de Clayton funciona, pero en realidad, esto no es el punto ahora. Lo que es importante es que se ha comenzado a hacer algo, que algunos que pueden afrontar pagar un poco más, ayudan a la causa, y otros vuelven a descubrir el placer de poder comer como se debe.
Le deseo a la gente de Clayton todo lo mejor del mundo. ¡Ellos son verdaderos Christophers!