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Stephanie Raha
Editora Ejecutiva
Septiembre de 2010
¿Es la cortesía en el siglo XXI, algo chapado a la antigua? ¿Es que las buenas maneras están fuera de moda?
Por supuesto que no. Exactamente es ahora cuando necesitamos adoptar una conducta considerada, la que nuestras madres trataron de enseñarnos aun cuando pretendíamos no oírla. Hoy, vivimos más de siete billones de habitantes en esta tierra nuestra; más de 310 millones solamente en los Estados Unidos. Prácticamente vivimos uno encima de otro, por eso necesitamos que haya fluidez en nuestras vidas, no solamente enfocándolas en nosotros mismos.
El fundador de la “Iniciativa cortés” de la Universidad de Johns Hopkins, el señor Pier Forni dice: Cada vez mas andamos preocupados en tratar de alcanzar nuestras metas personales”. Y agrega: “Al mismo tiempo que nos envolvemos en la locura de tratar de alcanzar nuestras metas, tal parece que no tenemos ni el tiempo ni la visión de aminorar la velocidad con el propósito de ser amables con otros”.
Cuando uno menciona lo que son buenas maneras a mucha gente, se piensa en la etiqueta de la vida diaria, como es el de abrir la puerta para otro, o el de darle la mano a alguien que recién conoce. Eso es solo una pequeña parte, pero la amabilidad, el respeto y la consideración constituyen la esencia de la cortesía. Y hablando en forma general, mientras más cortés es uno, así también la recibimos. Claro, después de haber dicho esto, no podemos esperar que una cortesía sea quid pro quo. Aún así, cuando uno refrena el temperamento y cualquier otro tipo de mala conducta, lo más probable es que se pueda obtener lo mejor de otros y al mismo tiempo sentirse uno mismo mejor.
Es eso lo que Holly Robinson descubrió. Recientemente ella escribió en Ladies Home Journal acerca de lo que ella llamó “proyecto cortesía”. Después de un día particularmente dificultoso, cuando una persona tras otra parecía que la ignoraba o que simplemente la pasaba por alto, Robinson pensó acerca de su abuela, que insistía en que “se cazan más moscas con miel que con vinagre”.Fue entonces cuando se decidió pasar un fin de semana completo tratando de “desarmar con encanto” a todos aquellos que se olvidaron de las buenas maneras al tratarla.
Comenzó por preguntarle a un empleado muy malhumorado de la oficina de correos acerca de un perrito cuya imagen estaba pegada en la pared al lado de ella. Como respuesta, Robinson oyó que el cachorro había sido rescatado del huracán Katrina y al mismo tiempo recibió una sonrisa amplia del empleado. Y así fue como pasó la semana. Se mantuvo cortés con un mecánico que admitió que no había comenzado a arreglar su automóvil, aunque había prometido hacerlo. Ella se apenó por el compañero porque nadie había tomado el trabajo de leer el reporte que él había escrito. Le dio las gracias a la que llamó por teléfono pidiendo ayuda para recaudar fondos para una causa noble, mientras que ella estaba cenando. No solamente Robinson sorprendió a otra gente por su amabilidad, sino que frecuentemente la imitaron y reciprocaron.
En cada caso, estuvo claro que Holly Robinson hizo un esfuerzo de ver a otros como individuos únicos a los cuales los trató con la amabilidad y respeto que ella deseaba ser tratada. Es muy probable que ella haya iluminado la vida de otros. Y al mismo tiempo haya mejorado la propia.
El número de gente viviendo en esta “Tierra de Dios”, sólo incrementará, por lo tanto hagamos lo mejor por llevarnos bien. Comencemos con poner en práctica la Regla de Oro, que siempre está vigente: Hagan ustedes con los demás como quieren que los demás hagan con ustedes”.