The Christophers - It’s better to light one candle than to curse the darkness5 Hanover Square, 22nd Floor, New York, NY 10004Phone: (212) 759-4050 - Fax: (212) 838-5073 - Toll-Free Orders: (888) 298-4050 - E-mail: mail@christophers.orgPrivacy Policy - E-mail PreferencesCopyright © The Christophers 2006-2013. All rights reserved
Jerry Costello
Noviembre de 2010
Todo comenzó con un sándwich de crema de cacahuate y jalea, ese alimento básico de los niños en los hogares a través de los Estados Unidos. Ahora la operación crece y crece, y esa gente buena en Michigan que continúa en ella, aún no ha parado.
Se trata de PBJ Outreach Inc., una operación llevada a cabo totalmente por voluntarios, quienes encuentran el rostro de Cristo en las 250 personas a las cuales sirven en el centro de la cuidad de Detroit cada sábado por la mañana. Los voluntarios tampoco parecen querer parar. Ellos esperan poder comenzar un servicio diario de comedor gratis a finales de este año; y esto es sólo el principio. Junto con este servicio, quieren ofrecer un programa de alfabetismo, reuniones del programa de los 12 pasos y oportunidades de trabajo a través del proyecto alimenticio que tienen planeado comenzar. El negocio se iniciará modestamente de acuerdo a su plan de acción, pero con suerte crecerá y prosperará. Basados en el historial de PBJ, yo apostaría a su favor.
Maryann Gogniat Eidemiller escribió sobre PBJ en una edición reciente de Our Sunday Visitor, el semanario católico nacional. Esta operación tuvo su inicio en el 2002 gracias a una idea del diácono Tim Sullivan. Sullivan y su esposa Gail estaban de visita en Boston, donde vieron a una mujer dando de comer sándwiches de crema de cacahuate a una persona sin hogar, y en ese momento él decidió hacer lo mismo al regresar a casa. El diácono logró reunir suficientes voluntarios de su parroquia Our Lady of Good Counsel en Plymouth, Michigan como para poder empezar el programa. Después de poco tiempo, además de los sándwiches de crema de cacahuate y jalea, ofrecían bebidas, otros tipos de sándwiches, papas fritas, bocadillos y hasta comida caliente, como frijoles con salchichas. A la lista se añadieron útiles escolares y dos veces al mes, se regalaba ropa.
“Yo les digo a los nuevos voluntarios, ‘Ustedes van a ver el rostro de Cristo hoy y van a verlo de un modo tan diferente como nunca se hubieran imaginado,” Sullivan dijo. “Les digo además que la gente a quienes ayudarán verá el rostro de Cristo en ellos al mirarlos.”
Vicki Phillips, una de las primeras voluntarias, pensaba en aquel entonces que ella jamás iría al centro de la cuidad de Detroit. “Tenía miedo,” dijo al reportero del semanario. Pero eso era antes. Ahora ella es la encargada de dar la bienvenida, abrazando a la gente que antes temía. “Tenemos las mismas necesidades,” dijo ella. “Somos las mismas personas, el Pueblo de Dios.”
Los voluntarios, quienes ahora incluyen a muchas personas de otras iglesias y comunidades, se reúnen en la parroquia cada sábado a las 6 de la mañana para preparar el alimento que luego llevan a un lote baldío de un empobrecido vecindario de Detroit. Sus clientes son las personas sin hogar, los pobres, los ancianos y los abandonados, quiénes vienen, como Eidemiller escribió, para recibir alimento y compañerismo, y si ellos lo desean, una oración.
“Tim y yo rezamos con la gente cuando ellos están formados en la línea,” dijo Christina Hohman, la directora del programa. “No los obligamos a rezar, pero sí se lo ofrecemos.”
“Se ven muchos apretones de mano, abrazos y miradas a los ojos de personas que están acostumbradas a ser rechazadas,” añadió Sullivan. “Estas personas están acostumbradas a ser ignoradas, y el sólo hecho de reconocerlas las hace regresar cada semana.”
Por la razón que sea, ellos regresan. Sullivan estima que en los ocho años de operación de PBJ Outreach han servido posiblemente a 120,000 personas; un número asombroso. Esto equivale a mucha crema de cacahuate, sin lugar a dudas. Y a mucho amor, además.