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Stephanie Raha
Editora Ejecutiva
Deciembre de 2010
La próxima vez que esté navegando por los canales de TV, buscando un programa, probablemente notará que hay cada vez más programas altamente dramáticos. ¿Es esto un fenómeno de los medios de comunicación o es algo contagioso? Como televidentes, ¿nos están influenciando a tener nuestras propias crisis emocionales? Y, ¿son estas sobre- reacciones emocionales algo que se acepta más y más, cómo si fuera normal?
Un artículo reciente en la publicación USA Today, pregunta: ¿Es la TV la causa por la cual salimos de nuestros cabales? Ciertamente, se acusa a la televisión de exponer por generaciones, a las audiencias, especialmente a los niños, a una violencia excesiva. Entonces, ¿qué diferencia hay ahora? Quizás sea el tipo de violencia así como los que participan en ellas y las situaciones, lo que ha cambiado.
Lo que llamamos televisión realista, se ha convertido en algo inmensamente popular en ambos, TV y cable. Muchos de estos programas ponen a la gente en circunstancias poco usuales, usualmente compitiendo el uno por el otro por premios. Otros programas ofrecen lo que parece ser una porción de situaciones de vida. Aún otros, tienen a celebridades compitiendo entre sí, a veces para que el fruto de los premios vaya a obras benéficas. Pero la apelación global de las audiencias parece ser que todos estos programas no tienen un libreto y que cualquier cosa que los participantes digan o hagan, apropiada o inapropiada, es cosa de ellos.
Muchos de los televidentes se dan cuenta que los programas realistas-desde su concepto hasta las demandas de los productores o anfitriones-animan a conductas extremas. Pero, estas palabras y acciones, por encima de todo, están fuera de lo normal.
Sarah Coyne, una profesora de vida familiar de la Universidad de Brigham Young, es la co-autora de un estudio acerca de la conducta agresiva de la TV. Después de revisar la programación de cinco espectáculos realistas y cinco con programas no realistas, incluyendo los dramas, comedias y tele-novelas, ella encontró que la TV realista tiene como promedio 52 actos agresivos en una hora y la TV no realista tiene como promedio 33 en una hora. Estos actos incluyen agresividad tanto física (especialmente trompadas, empujones y patadas) como verbal (muy común el vociferar, discutir, o insultar a otros). Coyne cree que esos niveles de violencia en la televisión están “produciendo una cultura de ser viles el uno con el otro. Estamos sentando base para una cultura que sobre-reacciona”.
¿Cómo podemos reconocer cuando nuestra propia conducta se convierte en inapropiada o agresiva? ¿Cómo lidiamos con las acciones de otros?
Judith Siegel, profesora y trabajadora social de la Universidad de Nueva York y, autora de Stop Overreacting (Pare de sobre-reaccionar), dice: “Uno sobre-reacciona cuando las emociones son mayores que lo que la situación inmediata demanda. Quizás usted está dando rienda suelta a una gran cantidad de frustración, pero su respuesta es mucho más de lo justificado”. Mucha gente que sobre-reacciona termina aprendiendo que “Te lleva a consecuencias de las que más tarde hay que arrepentirse. La gente dice: ‘te has ido por encima,’ o más tarde uno se siente culpable y con remordimiento”.
Como en cualquier aspecto de la vida, necesitamos reconocer nuestra propia responsabilidad en nuestras palabras y acciones. Cualquiera que sean las fuerzas que nos afecten, necesitamos escoger cual va a ser nuestro camino, preferiblemente uno que sea pacífico que nos lleve a Dios. Gregory Popcak, consejero pastoral y escritor dice: “Muy a menudo, pensamos que a Dios solo le importa “las cosas espirituales”. “Se nos olvida de invitar a Dios, en nuestras luchas laborales, nuestros retos y nuestros sentimientos”.
Permanecer calmados no es siempre fácil, pero es mucho mejor que las consecuencias que trae el de acalorarnos y explotar con los que están alrededor de nosotros: mejor para ellos y mucho mejor para nosotros.