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“Recuerde no sólo decir la palabra justa en el lugar justo, sino también…no decir lo impropio en el momento de la tentación”.
—Benjamím Franklin
Vivimos en un mundo donde pareciera que los buenos modales pasaron de moda; donde la cortesía y la bondad han sido superados por la grosería y la impaciencia. Tanto sea manejando un auto, esperando en fila o explorando el Internet, nos encontramos a menudo con malicia y enojo sobre cualquier cosa.
Algunos atribuyen este malestar a nuestra mentalidad de alta tecnología. Los inventos modernos para ahorrar tiempo—de hornos de micro-onda a correos electrónicos—nos han hecho menos tolerantes, y con la característica casi anónima de la tecnología nos atrevemos a decir cosas que de otra forma no diríamos.
La falta de buenos modales puede ser tan frustrante, que a veces podemos llegar a pensar, “si no logramos combatirlo, unámonos a ello”. Pero no tenemos por qué caer en las malas maneras. Manteniéndonos por encima del conflicto, podemos hasta recuperar los buenos modales y que vuelvan a ponerse de moda.
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Gregory Popcak, psicólogo y autor de God Help Me! These People Are Driving Me Nuts: Making Peace with Difficult People (Dios ayúdame! Esta gente me está enloqueciendo: Haciendo las paces con gente difícil), dice que la tendencia a este tipo de comportamiento parte de un sentido individualista cada vez más extrendido.
“La gente está desconectada de sus familias y vecinos. Uno puede vivir en un edificio de departamentos y no conocer al vecino de al lado”, dice Popcak. Hacer cosas para “el bien común” parece haber sido reemplazado por hacer lo que le conviene a uno mismo. Y Popcak agrega, “esa mentalidad individualista promovida en la cultura general, combinada con la decreciente conexión con la familia y la comunidad, disminuye nuestro sentido de cómo nuestras acciones afectan a los demás”. “Pienso que, a falta de controles sociales, recae en los individuos el poner mayor énfasis en la virtud de sus propias vidas”. Popcak sugiere lo siguiente:
“La bondad es la cadena de oro que mantiene unida a la sociedad”. —Goethe
El Internet, y especialmente el correo electrónico y los blogs, tienen sus propias características. Sentados frente a la computadora, escribiendo mensajes que enviamos hacia lo desconocido, puede ser conveniente, pero para muchos es el camino para abandonar las inhibiciones y las buenas maneras.
“Realmente pienso que la característica anónima del Internet lleva al descuido de los buenos modales. Es lamentable porque el Internet…es un don tan grande para la comunicación”, dice Amy Welborn, escritora, oradora y bloguera sobre religión.
La srta. Welborn afirma que la falta de rostro y la velocidad de la comunicación por Internet permite que la gente diga cosas inesperadas.
“La gente es mucho más de lo que postean en la web, y más de lo que escriben”, afirma Welborn. “El Internet refleja el mundo en el que estamos”. Hay gente realmente considerada; hay gente con intereses variados; gente que le gusta opinar y discutir. “El Internet provoca la tentación de atacar…la clave, es reconocer que el Internet es un espacio, y luego poder distanciarnos y vivir en el mundo real”.
Probablemente cada persona con una computadora ha tenido unos de esos momentos “Oh, no!” Uno escribe un email apurado y aprieta la tecla de Enviar antes de tomarnos el tiempo para reflexionar sobre las palabras que estamos enviando al ciberespacio. He aquí algunas sugerencias para evitar ese riesgo:
"Nunca es demasiado pronto para realizar un acto de bondad, puesto que nunca sabemos cuán pronto será demasiado tarde”. —Ralph Waldo Emerson
Patricia Livingston cuenta en la revista Liguorian los momentos difíciles que vivió su hermana, con enfermedad mental y diabetes—y el descubrimiento que hizo, que le cambió la vida.
“Me alejo de mis preocupaciones y del sufrimiento interminable, cuando hago algo bueno por alguna persona, por alguien que necesita mi ayuda”, dice la hermana de Patricia Livingston. “Una corriente ocurre entre ambos, algo se da y algo se recibe. Cuando acompaño a mi amiga ciega a hacer compras, o llevo en mi auto a una señora que necesita ir al médico, pero que no tiene dinero para el taxi. Eso es lo que me ayuda. Es en esos momentos, en que nos unimos en la bondad; ahí es cuando mi enfermedad interminable, desaparece de mi mente...me reconforta saber que todavía puedo ayudar a alguien”.
Todos podemos ayudar al prójimo y, al mismo tiempo, podemos sentir una satisfacción muy especial.
Lo hemos oído en la iglesia, en la escuela y durante la cena: trata a los demás como quieras que te traten a ti. ¿La regla de oro está desapareciendo? ¿Por qué la gente parece como predispuesta a contester apresuradamente? Alguien, esperando en fila, se queja porque su compra está llevando demasiado tiempo. En el partido de fútbol de su hijo, usted está sometido a los gritos de un padre que cree que está dirigiendo a un equipo olímpico, en lugar de niños seis años.
¡Qué bueno y qué tierno es ver a esos hermanos vivir juntos! Es como un aceite refinado que desde su cabeza desciende...es como un rocío...que baja sobre las montañas de Sión. Allí el Señor otorgó su bendición, la vida para siempre.
Salmo 133: 1-2-3
Usted maneja dentro de la velocidad límite en la autopista y alguien viene a gran velocidad detrás suyo, haciendo señas con las luces para que usted se apure. En la sociedad actual, la falta de modales parece hervir bajo la superficie. El menor roce puede llevar a un insulto y a veces hasta la violencia física. El problema de la violencia entre automovilistas se ha agravado tanto que hace poco el Vaticano publicó Guidelines for the Pastoral Care of the Road (guía para el cuidado pastoral en la ruta).Entre sus sugerencias dice: sea caritativo y ayude al prójimo, especialmente a víctimas de accidentes. Evite pensar en el auto como expresión de poder y dominio. En la ruta, proteja al más débil. Siéntase responsable por los demás.
Quizás en ningun otro lado los modales sean más obvios que en la radio. Conductores de programas de entrevistas y comentaristas políticos han convertido las ondas aéreas en una zona de combate cuando se trata de acusaciones, grosería y hasta crueldad. Aún con esas cualidades negativas, esos programas radiales siguen siendo muy populares para muchos oyentes.
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“Los modales tienen que ver con las reglas de comportamiento social...con el respeto por los demás”, dice Frances Hesselbein, directora del Leader to Leader Institute. “Reconocemos la humanidad de la otra persona cuando nos comunicamos a varios niveles, atendiendo al valor y la dignidad de esa persona. Nuestro comportamiento, así como nuestras palabras, crean un clima de confianza, y de respeto”.
Todos tenemos la capacidad y la obligación de actuar con cortesía y con bondad hacia el prójimo, y debemos inspirar a los demás a que hagan lo mismo.
“Extiendan el amor por todos lados...en sus propios hogares...no permita que nadie se le acerque, sin que lo deje mejor y más feliz. Sean la expresión viviente de la bondad de Dios; bondad en su rostro, bondad en sus ojos, bondad en su sonrisa, bondad en su saludo cálido”.
—La Madre Teresa
Ronda Chervin, profesora de filosofía y espiritualidad, y autora de Taming the Lion Within: Five Steps to Anger Management, dice que para combatir la rabia se puede comenzar con cinco pasos simples:
¿Qué regalo le dio Dios, hoy?