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Jerry Costello
Marzo 2009
La mayor parte de las personas que ayudan a alimentar a la gente sin hogar, ya sea comprando, preparando o sirviendo los alimentos a aquellos que lo necesitan, lo llevan a cabo como parte de un grupo o ayudando en un refugio establecido. Más no Juanita Hines. Ella hace todo por si misma, y lo ha estado haciendo durante 23 años, a pesar de ser una trabajadora doméstica retirada que depende solo de su fondo de jubilación para subsistir, y a pesar de que cuenta con 76 años.
El reportero Kevin Coyne relató la historia de Juanita recientemente en la sección de Nueva Jersey del periódico New York Times, describiéndola en el encabezado de su artículo como "Un Angel que Hace sus Rondas." El Padre Maryknoll James Keller, fundador de los Cristóforos hubiera estado encantado con este artículo, ya que el repetidamente hacia hincapié en el mensaje de que todos nosotros, aunque trabajemos solos, podemos hacer una diferencia en este mundo. Juanita es ejemplo vivo de lo certero de las observaciones del Padre Keller.
A través de los años, Juanita Hines ha hecho una diferencia para cientos de personas sin hogar. Sus rondas angelicales abarcan un área delimitada del centro de la cuidad de Newark: el Parque Militar, la estación Penn, y un par de paradas intermedias. Ella asigna sus porciones alimenticias cada sábado por la mañana, ya sea en invierno o verano, llueva o truene, y como algunos de sus beneficiarios asiduos del Parque Militar le podrán contar, Juanita siempre llega a tiempo. La comida es sencilla; un emparedado para cada persona o un emparedado y sopa en tiempo de frío. Para aquellos que reciben su ayuda, esta comida es como un banquete.
“Fue sólo inspiración divina lo que me llevo a hacerlo,” explicó la Sra. Hines. “Este es mi ministerio, y ellos dependen de mí. Nunca hace demasiado calor o demasiado frío para dejar de hacerlo, porque sé que estas personas me esperan.”
Su acción es realmente una obra de misericordia. La Sra. Hines se pasa cada viernes en la noche preparándose en su cocina. En esta época del año quizá cuente ella con unas pocas raciones de sopa de verdura con pollo, además de alrededor de 100 emparedados que ella habría preparado por la mañana. Esto se lleva 10 barras de pan, 10 paquetes de mortadela, 10 paquetes de queso americano y tres tarros de mayonesa. "No me gusta que los emparedados queden demasiado secos," dijo ella al reportero Coyne.
La hermana de la Sra. Hines o una persona amiga le ayudan a cargar la comida al auto y luego la conducen en sus rondas. La primera parada es en el Parque Militar, donde aproximadamente 20 hombres y mujeres se encuentran ya en fila, esperando su llegada. Ella los guía primero en la oración del Padre Nuestro y el amigo que la ha conducido ese día añade una oración propia: “Todos los que estamos aquí reunidos tenemos alguna necesidad, Señor.” Después de entregar la sopa y los emparedados se dirigen a la Estación Penn, pero sólo después de que la Sra. Hines hace una parada al ver, en su recorrido, a uno de sus “asiduos” durmiendo en la entrada de un edificio de oficinas.
Su ministerio le viene a la Sra. Hines de manera natural, como consecuencia de su fé, la cual ha desarrollado en la Iglesia de Cristo de Macedonia en Newark. Todo comenzó una mañana cuando vió a un hombre buscando en un bote de basura comida para desayunar. "Lamenté ver a alguien hacer algo así," ella dijo, y allí se inició su ministerio.