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Jerry Costello
Mayo 2009
Las palabras en el titular saltaron a la vista: “¿Ofendido por anuncios indecentes?” " ¡Cielos!, pensé, ¿quién no lo está? La burda sexualidad presentada constantemente en la televisión sirve como un recordatorio más de lo bajo que han caído nuestros principios morales. Y, como sugiere el titular, uno no tiene que mirar las comedias de mal gusto de la TV para sentirse ofendido, ya que los anuncios publicitarios en dichos programas que también salen al aire durante otra programación, como durante los noticieros o los juegos de fútbol se encargan de diseminar el mismo mensaje. Muy a menudo estos anuncios no son nada más que una absoluta vulgaridad. Así que dije que sí al contestar la pregunta en el titular. Estoy ofendido, ¿y ahora qué?
El titular completo ofreció la respuesta. “¿Ofendido por anuncios indecentes? “Adopte una actitud al respecto.” Adopte una actitud al respecto. Seguí leyendo. El artículo era un artículo de opinión escrito por Judy Gruen que se publicó inicialmente en The Christian Science Monitor, y su tema era puro y básico: Cuando usted vea algo que le ofende, haga algo más que quejarse. Luche contra lo que le ofende. Una razón por la cual me gustó el artículo fue porque se trataba de un consejo básico, como los que ofrecen los Cristóforos; no solo se queje, ¡haga algo! Este es el enfoque que tomó nuestro fundador, el sacerdote Maryknoll James Keller hace 65 años, cuando inició los Cristóforos. En aquel tiempo, este enfoque tenía sentido, y aún lo tiene hoy en día.
La Sra. Gruen, autora y columnista, hablando del incidente que comenzó su campaña personal, mencionó que su hijo de siete años se rió de un anuncio exterior publicitario (cartelera) que mostraba a una mujer joven poniéndose un par de pantalones vaqueros con la cremallera a medio cerrar, y luego leyó el texto en voz alta: “traiga su trasero para ponerlo aquí adentro.” Gruen dijo que ella se sintió enfurecida y triste porque el anuncio publicitario era tan deliberadamente provocativo.
Ella prosiguió: “Vi este anuncio como un asalto directo, no sólo a la inocencia de mis niños, sino a los principios a los cuales nuestra cultura una vez se adhirió. Y mientras usted puede evitar ver programas de televisión o películas a las cuales usted objeta, los anuncios publicitarios que usted pasa camino a su trabajo o aún los titulares sobre los últimos escándalos sexuales en las portadas de las revistas en el supermercado son imposibles de ignorar.”
La mayoría de nosotros está probablemente de acuerdo. Y la mayoría de nosotros, sospecho, suspiraría y trataría de olvidar la experiencia. Pero no Judy Gruen. Ella llamó al empresario responsable del anuncio, a pesar de que ella esperaba que no le hiciera caso y la rechazara de manera cortés. Sin embargo, ella se comunicó con un ejecutivo receptivo que reconoció que otras personas ya habían llamado para quejarse, y le prometió que la campaña ofensiva sería desechada.
Animada por aquel éxito, ella continuó presentando otras quejas, por lo general sobre mensajes desagradables en anuncios externos (carteleras). (Comunicarse con ellos fue fácil, dijo la Sra. Gruen, ya que las carteleras muestran el nombre de la compañía patrocinadora y una simple búsqueda en el Internet proporciona el nombre del contacto.)
Aquel primer incidente sucedió hace años, pero la Sra. Gruen continúa su batalla. Ella confiesa que a veces no tiene un éxito completo, pero aun cuando una empresa le dice que es la única persona que ha llamado para quejarse, ella está segura de que su mensaje ha sido recibido. “Ellos saben,” dice Gruen, “que por cada persona que se toma el tiempo para llamar o escribir, hay cientos más ofendidos por lo que han visto.”
Judy Gruen necesita la compañía de muchos de los Cristóforos. No basta simplemente con sentirse ofendido por las imágenes violentas y el lenguaje indecente; el siguiente paso es hacer algo al respecto. Yo creo que si el Padre Keller estuviera aquí con nosotros hoy, él estuviera horrorizado por la profundidad moral en la cual ha caído nuestra cultura. Pero él se alegraría de saber que algunas personas aún prestan atención a sus consejos.