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Stephanie Raha
Editora Ejecutiva
Mayo 2009
Es muy probable que usted no se detenga a pensar muy a menudo sobre la manera en que se relaciona con otras personas. Usted hace lo que siempre ha hecho, independientemente de lo que sea. Usted estima verdaderamente a algunas personas y las trata de acuerdo con lo mucho que los estima. Otras personas no le agradan y puede o no hacer algún esfuerzo por esconder sus sentimientos.
Como a la mayoria, usted probablemente tiende a no hacer caso de aquellos a su alrededor o permite que su disposición determine su actitud y sus acciones. Si se siente alegre, entonces es usted un poco más amable, un poco más generoso, un poco más considerado con la gente que conoce. Por otra parte, si usted tiene un día difícil, ¡que se cuide el mundo! Que fácil es tener mal genio o simplemente desdeñar a otros. Después de todo, su tiempo es más valioso, su trabajo es más crucial, su vida es más importante que la de los demás. ¿Verdad?
Incluso, si en el fondo de su corazón usted sabe que esto no es verdad, muchos de nosotros parecemos funcionar en base a esta premisa más a menudo de lo que estamos dispuestos a admitir. Es por ello que el principio de un año nuevo es una buena temporada para tomar la decisión de hacer las cosas de manera diferente. En una reciente nota informativa de los Cristóforos titulada Saque a relucir lo mejor de los demás, hay una cita del científico Robert H. Goddard que amerita repetirse: “Resuelva ser sensible con los jóvenes, compasivo con los ancianos, comprensivo con los que se esfuerzan, y tolerante con los débiles y con los que van por el camino equivocado. En algún momento de su vida usted habrá estado en las mismas situaciones.”
Algunas personas claramente "entienden" el mensaje y tratan a la gente que los rodea con la cortesía, respeto y comprensión que ellos querrían para si mismos. Lo que es más, ellos no se quedan esperando a que la otra persona se dirija a ellos de manera amable, sino que ellos están dispuestos a abrirse y dar el primer paso.
Presencie lo que ocurrió con un viejo amigo mío, quién debido a un intenso dolor fue a dar a la sala de emergencia de un hospital y tuvo que permanecer en el hospital un tiempo. En el transcurso de los días en que lo visité, pude apreciar un microcosmos de la vida que él lleva. A pesar de sentirse mal la mayor parte del tiempo, mi amigo hacía un esfuerzo por hablar con bondad, interés y buen humor con los doctores, enfermeras, pacientes y visitas. Fue así que el doctor de la sala de urgencias respondió con entusiasmo cuando mi amigo le preguntó la razón por la cual decidió especializarse en ayuda médica de emergencia. Una enfermera le confió que prefería tener un horario flexible, ya que ella y su marido necesitaban tiempo para cuidar de su hijo con Síndrome Down. El paciente de la cama de al lado, un desamparado, también se benefició de platica amistosa y periódicos por parte de mi amigo.
Éste saludaba al hombre que limpiaba su cuarto y daba las gracias a la mujer que le llevaba sus bandejas con comida. Saludaba a los internos, quiénes iban a revisarlo varias veces al día, y aun permitió a una estudiante de medicina que praticara sacándole sangre. Una y otra vez, mi amigo mostró la buena voluntad y buena disposición con que él vive su vida. Por supuesto, a veces se sentía impaciente y molesto; es humano sentirse así en esas circunstancias. Sin embargo, él hizo un esfuerzo para ver realmente a la gente alrededor de él, para escucharles y reconocerlos como los individuos irremplazables que son.
Cada uno de nosotros quiere ser reconocido como la persona única que Dios creó. Espero que durante este año nuevo yo pueda hacer una mejor labor en apreciar la individualidad única y la humanidad que tenemos en común con los demás; no sólo para beneficio de ellos, sino también para el mío propio.
Benjamin Disraeli, el estadista británico famoso, lo expresó de esta manera: “lo mejor que podemos hacer por otro no es sólo compartir con el nuestras riquezas, sino mostrarle las suyas.”